domingo, 21 de junio de 2020

De afilador a millonario

Por Benito Zamboni
Escritor

Un amigo junto al cual, con una piedra de afilar y un burrito, por casi 12 años - los más lindos de mi vida - fuimos de correrías a través de Italia, antes de volver al "pago" vino el otro día a saludarme.
Hacía veinte años que no nos veíamos. Llegamos a Buenos Aires juntos como inmigrantes, nos dirigimos él al sur y yo al norte, él a criar ovejas y la pegó, yo vine a cultivar lechuga y me equivoqué; él hizo fortuna y yo hice hijos...No importa, el mundo así debe ser: lindo porque es variado y yo gozo infinitamente al saber que el amigo es rico.
Pero contemos en orden.



Estaba preparando la tierra para sembrar arvejas, cuando jadeando corrieron los niños para decirme que había llegado a casa un señor en auto, cosa que sucedía por primera vez, por las rutas intransitables.
Estaba encorvado lavándome las manos para ir a ver de quién se trataba cuando sentí que me abrazaban.
-¿Cómo estás?
- Disculpe, señor, respondo, pero no tengo el honor...
- Pero que perdón ni que señor ¿no me conocés más?
- Oh Dios...¿pero sos realmente vos? ¿Cómo estás? Me pareciste un señor.
- Estoy muy bien como ves y vine a saludarte antes de volver a Italia.
-¿Con que rico?
- Rico efectivamente: liquidé casi todo y me quedó un milloncito que deposité en distintos bancos de Buenos Aires. Y allá en la Patagonia, casi en el límite con Chile, al pie de los Andes, tengo todavía una legua de tierra y mil ovejas.
-¡Buenísimo, por Dios! Vamos a casa.... ¿Tenés apetito?
- Tengo hambre. En los hoteles de lujo, después de veinte años de vida salvaje y frugal me siento incómodo.
- He aquí el primer inconveniente de ser millonario. Y dime, ¿dónde irás a establecerte en Italia?
- Primero quiero viajar, visitar uno por uno todos los lugares que recorrimos con nuestra piedra de afilar, después deseo escuchar buena música, ver cosas artísticas, visitar tantas cosas lindas de las cuales nuestra Italia está llena y que dan placer al corazón y al intelecto. Después compraré un pedazo de tierra allá arriba en nuestro páramo y terminaré enfrente de nuestros Alpes sublimes, los años que me quedan de vida.
- ¿Y por cuantos días podré gozar de tu compañía?
- Hoy y mañana solamente. Dejé a mi mujer en Buenos Aires y ya pagué los pasajes para Génova.
- Y ahora contame ¿cómo hiciste fortuna?
- Muy simplemente. De cuidador de ovejas allá abajo en el límite con Chile, después de dos años de ahorro adquirí 400 ovejas (hace 20 años sólo valían 1$ cada una). Descubrí un valle muy fértil solicité dos leguas de campo y me fueron concedidas. Fui afortunado. Tuve poquísimas pérdidas. El rebaño se multiplicaba que era un gusto y las ovejas y la lana aumentaban de precio que era....otro gusto. Después vino la guerra, se vendió la lana a precios fabulosos y aquí estoy......¡súper bien!
-Sufrí en aquellas desoladas soledades, fríos indecibles, encontré el desierto pero ahora dejé una pequeña aldea que no espera más que su nuevo propietario y éste, espero que seas vos.
-¿Yo?
-Vos, sí. Como sabés no tengo hijos y ésta es la nube que empaña nuestro cielo azul. Vos tenés nueve, me das uno a quien amaré y educaré como si fuera de mi sangre y de esta manera alegraré también a mi mujer.
- Lo siento mucho por ti y tu esposa, pero te equivocas. Deberías mandar aquí a tu mujer por ocho días. Misiones es clima propicio. No sé si me explico...
- Siempre burlándote....
- Burlón no......lógico, por Dios.
En cuanto a ir al sur te agradezco pero si a los veinte años tenía miedo del frío, imaginate ahora. Por otra parte esto desbarajustaría mis modestos planes y si aceptase, ya esta noche no podría dormir pensando qué hacer; mañana estaría mal y yo, por costumbre, no sacrifico ni un minuto de hoy para estar bien mañana.
- Pero allá tenemos todas las comodidades, pensalo bien, no falta nada.
- Falta el calor natural, falta el sol de Misiones que aunque durante cuatro meses pega fuerte los otros ocho es como una caricia.
- Debes hacerlo por los hijos, les ofrezco una fortuna.
- Los hijos no tienen derecho a usufructuar de la fortuna de los demás, porque si éstas son adquiridas sin esfuerzo serán usadas sin beneficio y pueden generar discordia.
Los hijos deben trabajar para hacerse hombres sabiendo ganarse el pan sin depender de nadie.
Es un error común a la mayoría de los padres el de trabajar como burros para hacer una fortuna y legarla a sus hijos.
El primer deber de un padre es el de criar a los hijos sanos y robustos, de darles una educación. Si se puede, escuelas y, especialmente, muchos libros. Después cada uno de ellos encontrará la manera de ganarse la vida o con una profesión o con un oficio. Mis hijos son pequeños y yo no tengo derecho de hipotecar su futuro aún cuando éste se presente seductor. De manera que no puedo aceptar tu propuesta. No te doy el hijo y renuncio a la "estancia". Y no se hable más, vamos a la mesa. Vos tenés hambre y yo siento el crepitar de la "mandioca" en la sartén.
Mi querido amigo quedó mal, tanto que quiso partir ese mismo día.
-Te doy todavía ocho días para pensarlo, me dijo. Si cambiás de opinión, telegrafía.
Es inútil hablarlo más, le respondí. Que tengas buen viaje, saludá a nuestro lindo lago y a Sirmione, la joya, saluda a nuestros montes que no veré nunca más. Toma esta rosa y cuando entres en el camposanto para visitar la tumba de tus seres queridos.....Vos sabés dónde duermen los míos su último sueño.....Y bien haceme el favor de deshojar sobre sus tumbas este humilde y triste recuerdo del hijo lejano. ¿Lo harás?
-Lo haré, te lo prometo -respondió el amigo.
Un último abrazo y después subió a la "máquina" que partió rápidamente a pesar de la "picada" en mal estado.
Me quedé con toda mi familia mirándola hasta que se perdió a lo lejos. Después, mientras los chicos discutían sobre aquel nuevo medio de locomoción, entré a casa, triste, con los ojos llenos de lágrimas.

Santa Ana, 5 de mayo de 1920
De: Escena Familiares Campestres, notas y relatos en italiano, publicados en el periódico porteño "L'Italia del Popolo" y recogidos en volumen en 1944 con el título de Scene Familiari Campestri. Este libro fue traducido por los cursos de Italiano de la Universidad Nacional de Misiones y publicado por la Editorial Universitaria.