miércoles, 17 de junio de 2020

Vicentin, la sirena que sigue sonando en Avellaneda

Hubo un tiempo en el que las horas de las barriadas industriales del conurbano y, aun de la ciudad de Buenos Aires, se medían con la sirena de la fábrica más cercana. Esos llamados diarios marcaban el principio y el final de la jornada de trabajo. Había sirenas y silbatos de distinto tipo, todos identificables, al punto de que ninguno podía ser confundido, por caso, con el llamado urgente a correr hacia el cuartel de los bomberos voluntarios.

La vida de esas zonas solía girar en torno a una o dos fábricas y algún que otro frigorífico. Clubes, colegios y asociaciones vecinales nacieron por el impulso de los trabajadores de esas multitudinarias fuentes de producción.

Solo los muy veteranos pueden recordar esos sonidos que se apagaron hace tiempo en los grandes conglomerados urbanos. Muchas fábricas cerraron y las que subsisten abandonaron esa señal.

Ayer a la mañana una de esas sirenas volvió a sonar, puntual, en una pequeña ciudad del interior. La vieja sirena de la casa central de Vicentin, en Avellaneda, saludó a los centenares de vecinos que partían desde sus puertas hacia Reconquista para reclamar que el gigante que ellos vieron crecer no muera por una ley de expropiación.